domingo, 16 de septiembre de 2012

Un otoño calentito

Tendremos un otoño caliente. Pero los datos son fríos. Tan fríos que deberían dejar a cualquiera congelado, aunque no es así. Si así fuera, esto ardería. Las estadísticas son frías y exactas. Por ejemplo, cada día son más los jóvenes que ni estudian ni trabajan. Vamos, como en aquel chiste en que uno preguntaba: “¿Tú bebes o trabajas?”. Y el otro respondía: “Yo bebo. Del trabajo me echaron”.

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Y no pasa nada. Así nos van las cosas. Los más afectados por estas cifras son sobre todo los mayores de 25 años. Después, los jóvenes de entre 20 y 24 años. Estos informes que precisan la realidad adivinan también que la crisis es más cruel con los adultos menos formados.

Este otoño nos rescatarán, definitivamente. Suena a cuento de hadas. ¿O es un verbo incorrecto y mal utilizado? Portugal fue rescatada hace año y medio, en abril de 2011. Pero los portugueses, al parecer, han perdido ya toda esperanza.

En 2012 les subió el IVA hasta el 23 por ciento, les subió el impuesto de la renta, les subieron las tarifas médicas y les subieron los transportes públicos. Todo, pese a que ha cumplido las condiciones del rescate sin brecha alguna. Pero los ciudadanos del país vecino, cada día más pobres, miran sin esperanza a un futuro vacío.

Hay epidemias que se contagian sin remisión posible. Una de ellas es la del pesimismo. Dicen los sindicatos que este otoño será caliente. Pero yo veo el ambiente muy templado. La gente está jodida, pero no está harta. Si no, no se entiende.

Algunos andan todavía en estado de shock, según los analistas más luminosos. Habrá que darles un aviso en la entrepierna para que despierten. Porque aquí cuando acabe la siesta, no conoceremos a este país de como lo han dejado.

Están los ánimos todavía muy templados para que este otoño sea tan caliente. Cuánto me gustaría equivocarme. Las cifras desafinan, pero aquí nadie canta. La fiesta todavía no ha empezado y los cubitos de hielo empiezan a derretirse, pero muy lentamente.

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