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lunes, 9 de diciembre de 2013

Mandela

Mandiba siempre me sonó a película de Tarzán. Me gusta más llamarle Nelson Mandela. Es más propio de un presidente y de un revolucionario. Me gustaba su piel negra, su pelo blanco y sus trajes fluorescentes. Pero, sobre todo, me gusta su puño cerrado. La fuerza de ese puño. Sin ira. Generoso y rotundo. El hombre que derrotó al racismo. Así lo describían los tabloides estos días. Es la primera vez que todo un planeta está de acuerdo en algo. Todos han llorado la muerte de un negro que pasó media vida en la cárcel y, pese a todo, no perdió la dignidad.

Lo he visto fotografiado con su carcelero. Parecían dos compañeros de universidad que habían compartido las mismas clases de la vida. Eso sí: uno, adentro –en la humedad sombría-; otro, afuera –dándole el sol-. Pero después ambos desconcertados por los propios acontecimientos en los que se vieron involucrados. Veo que todo el planeta llora una sola muerte. Y me gustaría creerlo. Pero ese puño cerrado encierra una ideología que habla de justicia y de libertad, de igualdad, de la que nadie habla en toda su extensión.

En Sudáfrica, la corrupción campea a sus anchas. Y quienes le condenaron en vida y están a favor del apartheid con toda seguridad hayan derramado pocas lágrimas estos días. Y quienes abanderan el fin del estado del bienestar en Europa y condenan a África a ser un continente con un futuro negro –después de todo, el que siempre tuvo-, seguramente estén esperando a que acabe el duelo para que siga la fiesta.

Ojalá el nombre de Mandela sobreviva a los titulares periodísticos de estos días. Será una muestra humilde y generosa de que la esperanza de cambiarlo todo no ha muerto con él.
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jueves, 14 de noviembre de 2013

Chora coraçao

Dice así: “Un amor quando se vai,/ Deixa a marca da apixao”. La traducción es mía, aunque fiable: “Un amor cuando se va,/ Deja una marca de pasión”. Se trata de la canción Chora Coraçao (Llora, corazón) de Antonio Carlos Jobim, el eterno compositor, cantante, guitarrista y pianista brasileño. Ayer la escuché de la voz de Luciana Souza, acompañada a la guitarra por ese músico de mil registros que es Romero Lubambo. Se ha escrito que es difícil encontrar en el jazz y alrededores una voz más exquisita que la de Luciana. No solo es verdad, sino que tal vez esa voz sean muchas más cosas.

Bien afinada, dulce, o irónica, perfecta en su dicción, esa mujer está con su voz frente a ti y mueve las manos como si en ellas llevara el ritmo, la música entera, una sensibilidad que cabe y que llena el teatro y lo puede todo, allí en el centro, a oscuras, sola con su voz y con sus manos, y Lubambo que la acompaña y la persigue en sincronía como si la conociera desde muy adentro. Porque adonde va la voz, está guitarra, y adonde la guitarra no llega, porque no es su sitio, están las manos de ella, que también parece que cantaran.

Ahora la escucho aquí sentado, con un vaso de whisky, y sé que la felicidad debe estar condimentada con porciones exactas de esta canción que creó Jobim sin saber que la voz de Luciana vendría más tarde para transformarla y embellecerla aún más. Creo que hasta el whisky me sobra. Pero por si acaso.
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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Leila Guerriero, una periodista salvaje

Acabo de leer el último libro de Leila Guerriero: Una historia sencilla. La periodista argentina viajó a un pueblo de seis mil habitantes, en el interior de su país, para contar y desentrañar la historia y la competencia de un baile folklórico tan secreto como prestigioso. Se trata del Festival Nacional de Malambo de Laborde, que se edita cada año desde 1966. El libro, en verdad, es una crónica, que es el género que ella mejor maneja y en el que puede emplear a fondo la investigación periodística para desenterrar la realidad y a sus protagonistas pero, al mismo tiempo, escribirla con todos los artefactos propios de la literatura.

Yo descubrí la prosa tremenda y alucinatoria de Leila en la que me parece su mejor obra: Los suicidas del fin del mundo. Después de haber franqueado las dos primeras páginas, no pude soltar el libro. Y jamás podré olvidarlo. Lo recomiendo a amigos y alumnos, porque es mi deber decirles que no se puede ser ya feliz escribiendo sin descifrar, a base de recurrentes lecturas, frases que nacen de los terruños oscuros de la tierra. Es autodidacta y se define como la última periodista salvaje. No pasó por ninguna facultad de Periodismo y sabe, a su pesar, que con grado o sin grado nadie se escapa de firmar un texto aburrido, que es la plaga insobornable de la que todo autor debe huir.

Ella sabe que no es lo mismo citar textualmente que describir el concepto. Por eso lleva grabadora. Para pisar fuerte en la tierra. En Los suicidas del fin del mundo, una madre le cuenta cómo descolgaban el cadáver de su hijo ahorcado. Ella dice que podía haber escrito: “cuando lo bajamos mi hijo cayó sobre mí. Tenía los ojos abiertos y parecía pedir perdón”. Pero ella no se conformó con el concepto. Grabó y transcribió en el libro esta frase hermosa y demoledora: “… lo bajamos y él se cayó conmigo. Se cayó arriba mío. Y estaba con unos ojitos abiertos, como diciendo mamá perdonemé. Perdonemé”.

Todo el libro es así. Está lleno de música y de viento. No se puede decir más y mejor en menos páginas. La crónica periodística renace en Hispanoamérica con textos que ya son eternos. Y aquí solo sabemos lamentarnos, echar el cierre a los diarios –ahí está ahora El Correo de Andalucía, donde eché los dientes en esta profesión- y buscar otro futuro menos halagüeño que el que nos podría ofrecer el mejor oficio del mundo, como dijo García Márquez, como decimos todos. Hay que pasar por el periodismo, al menos, para dejar impresa como mínimo una frase tan honda y conmovedora como las que ha escrito Leila Guerriero. Acabo de leer su último libro, y me voy a la calle a beber y a celebrarlo.
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domingo, 20 de octubre de 2013

El compromiso de Leonardo Padura

Lo conocí cuando publicó El hombre que amaba a los perros, una novela que para mí un deslumbramiento, una radiografía certera de lo que fue el siglo XX y un diagnóstico y condena impecables de los regímenes totalitarios, un retrato sin ángulos del asesino de León Trotsky, Ramón Mercader, y una mirada esperanzadora y crítica sobre su Cuba natal, esa isla donde le adoran y le vapulean por igual.

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Ahora ha vuelto a Sevilla a presentar Herejes, su última novela, igual o más ambiciosa que la anterior, en la que un cuadro de Rembrandt nos lleva a seguir el calvario persecutorio que han sufrido los judíos desde el siglo XVII.

Investigador y narrador a partes iguales, dotado de una prosa impecable y reveladora, se nos muestra hoy como una de las voces más nítidas en español desde el continente americano. Como su obra, Leonardo Padura es cercano y comprometido, profundo e irónico. O, como él mismo diría, está dotado del choteo cubano, que es esa capacidad para mofarse de todo cuanto le rodea, incluido él mismo.

Aunque tiene la nacionalidad española, no abandonará Cuba, porque él se siente un escritor cubano, un elemento más de ese paisaje que es su propia vida. Fuma cigarrillos, pero en nada desdeña los cigarros –o puros- que produce su tierra.

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Prefiere el beisbol al fútbol, razón más que suficiente, advierte, para sentirse un extranjero allá donde el Caribe no rasca la piel. Ahora nos trae una novela de la memoria para la memoria, en la que el olvido no arrancará ni una sola página.
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sábado, 19 de octubre de 2013

Olvidado en el aeropuerto

El nazi Erich Priebke no se arrepintió de sus crímenes. Como todos los suyos, tampoco pidió perdón. Para qué. O su dios o su jefe se lo impedían. Tampoco pudo negarse a asesinar a 335 personas en 1944. Se lo ordenaba Hitler. Y una orden de Hitler era una condena y un privilegio al mismo tiempo. Priebke murió el viernes de la pasada semana en Roma. Antes de abandonar este mundanal ruido, para demostrar que no era broma y que era un elegido de dios y de Hitler, grabó un video para justificar -¿justificar?- su participación en la matanza de las Fosas Ardeatinas. En el mismo, venía a decir, más o menos, que había sido una cosa terrible. Pero, claro, que no pudo negarse. Eran órdenes directas de Hitler. Para mayor honra.

El abogado de Priebke intentó, a la muerte de este, organizar un funeral público, pero el vicariato de Roma y el alcalde de la ciudad, Ignazio Marino, se negaron. El funeral, por supuesto, no se celebró y, como ya se sabe, en mitad de la noche, el ataúd con los restos mortales de Priebke fue trasladado al aeropuerto militar de Pratica di Mare. Ahí sigue, en el limbo internacional del desprecio, a la espera de que las autoridades italianas decidan qué hacer con él, a quien ya nadie adula ni ama, ni siquiera los suyos. Porque Alemania y Argentina, donde vivió oculto durante tres décadas y donde reside su hijo, se niegan a darle sepultura. A estos héroes del horror, cuando les toca la muerte con sus zarpas enamoradas, nadie los quiere cerca, nadie se atreve a enterrar su nefasto recuerdo, porque en la tierra, donde yacen también los huesos de sus víctimas, no queda ni un nicho para más infamia.
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domingo, 15 de septiembre de 2013

El edén quemado

Antes nadie –o muy pocos- se quedaba mirando el dedo cuando el dedo señalaba a la luna. Ahora la luna apenas alumbra, o no la vemos, o nunca es de noche, o siempre es de noche y por eso no vemos. Nos han cambiado la vida como quien muda los muebles de sitio en la propia casa, y al final nos venden el estropicio como un cambio inevitable, como un bien para nuestra salud, como una medida necesaria para combatir el riesgo. Qué riesgo, cabría preguntarse ahora. El riesgo es lo que nos han dejado en las manos, en las manos vacías, un vacío de confusión donde la indignación y la furia no tienen cabida.

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Tenemos las manos vacías, y cuando nos tocamos el cuerpo, nos parece el cuerpo de otro; y cuando miramos el paisaje que es un erial, nos reprochamos la pérdida el edén quemado en un secuestro inevitable. Eso decían. Sabíamos que los montes arden con la sola intención, con la chispa del engaño, con la burla del juego retórico. Aún conservamos alguna postal de aquel paraíso que nos parecía frondoso y eterno, y ahora esquivamos sus rescoldos por miedo a que se nos incrusten en los sueños y no despertemos jamás.

Hay en todo esto una culpa que es nuestra, una vanidad hecha añicos contra el borde de la soberbia compartida. Después del naufragio apenas nos queda aliento para volver a empezar. Necesitamos ver cómo los últimos maderos se los traga el océano de la indiferencia para que un sutnami de orgullo nos devuelva la dignidad mancillada y los cojones que volaron con los billetes de quinientos euros que nunca vimos en nuestras manos vacías.

Nos queda, eso sí, la posibilidad remota de que todo no estalle en balde aquí al lado, mientras los cantos guerra anuncian la devastación de Siria. De hecho, los helicópteros calientan motores en el helipuerto militar de El Copero cada noche. Se les oye, pero se les ve. Y están aquí al lado. Se vislumbran escaramuzas de guerra.
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martes, 3 de septiembre de 2013

Alimentos pasados de fecha

La crisis financiera y económica todavía no ha tocado suelo. Que se lo digan a los griegos, que ya pueden comprar alimentos pasados de fecha. Eso sí, por un precio más barato. Y por supuesto, este hecho no significa que sean peligrosos para la salud, tranquilizan las autoridades. Hace unos años, muy pocos, cambiábamos de coche y de vivienda, nos vestíamos de ricos recientes y le dábamos amparo a inmigrantes que no tenían donde caerse muertos. Ahora, qué duda cabe, los que nos vamos cayendo poco a poco somos nosotros. Tal vez intoxicados. Pero de vanidad.

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Los griegos no tendrán tiempo para vacilar, porque encontrarán en estantes separados y a precios reducidos alimentos que hasta ahora desechábamos por estar pasados de fecha. Es lo bueno que tiene ser rico: que todo les vale más caro pero también pueden ingerir, con toda tranquilidad, productos frescos, o al menos no caducados. Cuando se es pobre, sin embargo, se trata de no morir de inanición. Aunque los griegos deben aprender a identificar aquellos productos etiquetados con la indicación de “consumir preferentemente antes de… “. La Comisión Europea, no obstante, diferencia entre el consumo preferente y la fecha de caducidad, concepto este último aplicable a comidas muy perecederas.

En España, todavía, no es legal comercializar productos alimentarios que hayan rebasado la fecha de consumo preferente, como ya ocurre en Grecia. Pero todo es cuestión de tener paciencia. Si no, al tiempo. Las empresas ya pondrán empeño en imprimir en tamaño microscópico la fecha de caducidad en sus envases, frascos y latas de cualquier tipo. El negocio es el negocio. Además, a un pobre le debe dar igual morir intoxicado que morir por no probar bocado. Afortunadamente, y gracias a estas medidas, ya sabemos qué es una Europa de dos velocidades, se dirán muchos. La Europa bien alimentada y aquella otra que consume productos caducados. En fin, ver para creer. O dicho de otra manera: llegar aquí para esto. Los sueños de rico nunca trajeron un buen despertar. Por eso no logramos salir de esta pesadilla.
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domingo, 25 de agosto de 2013

No hay olvido para el nazi László Csatáry

El nazi húngaro László Csatáry vivió 98 años y buena parte de ellos transcurrieron tranquilamente en Budapest con su nombre real hasta el verano pasado. El tabloide británico The Sun dio con él después de muchas pesquisas. Nunca pisó la cárcel. Dicen que iba a ser juzgado. Pero murió este mes de agosto, consumido por la felicidad de que nadie le hacía hecho caso, ni siquiera la justicia. No es la primera vez que ocurre, ni será la última.

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Estaba acusado de colaborar en la deportación a Auschwitz de unos 13.000 judíos, y de torturar y azotar a los prisioneros en los campos de concentración. Fue condenado a muerte en rebeldía en 1948 en la desaparecida Checoslovaquia, aunque para entonces él ya había emigrado a Canadá con otra de sus tantas identidades falsas. No tuvo problemas en sobrevivir y se ganó la vida como merchante de arte hasta 1997. Pero ese año fue descubierto. Así que regresó a Hungría donde vivió en paz consigo mismo y en deuda con los demás hasta el verano pasado.

Era otro en las fotos que estos días publicaba la prensa. Estaba irreconocible. Un anciano delgado, a veces tocado con gorra, con una expresión asustadiza pero airada cuando la prensa le importunaba. La miraba, baja: el pelo, blanco, y todavía abundante pese a la edad; las manos, fuertes agarrando su gabardina; la camisa, a cuadros; la chaqueta también a cuadros, como la camisa, y de colores también vivos, como si regresara siempre de un verano eterno de vacaciones nunca merecidas. Tenía las cejas pobladas, demasiado pobladas, para encubrir el frío metálico de su mirada. Y pese a todo, ese esqueleto frágil conservaba inalterable la temperatura exacta de la infamia.
Hasta hace unos días, ni los periodistas ni los jueces prestaban demasiado atención a los paseos matutinos de un viejo que vivió sin ser vapuleado y que murió con la cifra imprecisa de casi cien años de soledad afortunada. Quienes le recuerdan de los años del horror no lo describen como el viejo elegante que engañó a su propio destino, sino como un hombre despiadado que golpeaba a niños, torturaba a los presos y asesinaba amparado en el cinismo de su fe y de su locura.

Hace unos días dejó de existir, sin que nadie le arrebatara la libertad que le deshonraba. Quienes le conocieron en los campos de la muerte no alcanzan a olvidarlo. Y acaso esa memoria frágil y perenne como su cuerpo de anciano sea la mejor condena para quien burló a la ley y a la condición humana.
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miércoles, 31 de julio de 2013

Cuidado con las explicaciones de Rajoy

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, muy a su pesar, ha retrasado sus vacaciones este verano para comparecer en el Senado y explicarse. Digo bien. Explicarse. No he escrito dar explicaciones. Ambos verbos, en román paladino, significan cosas muy diferentes. Explicarse es subirse a la tarima con un tajo de folios que te han escrito los asesores y, como un mago con su chistera, sacar un conejo donde solo había un conejo, seguir las manos con la mirada para que todos miremos las manos y sorprendernos con una tórtola donde solo había una tórtola. Y también: nombrar al Guadiana por donde no corre el agua, decir que él ha retrasado su descanso por culpa de Zapatero, si le preguntan por Bárcenas dirá que él está ahí para hablar de cosas serias y que no conoce de nada a ese tipo aunque él mismo lo nombrara tesorero de su partido, que él nunca cobró tres sueldos y que con el que tiene apenas llega a final de mes. En fin, para concluir, dirá que esto de ser presidente es muy duro y que no vale la pena. Mejor ir al programa ese máster chef. Hay mejores formas de ganarse la vida. Nosotros, que nunca seremos presidentes, no nos contentamos con cualquier explicación, pero yo os aseguro que Rajoy está que no duerme.

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Otra cosa es subirse a la tarima donde todo el mundo te ve y dar explicaciones de lo que está pasando. Vamos, citar al toro por los cuernos o coger la sartén por el mango, que se dice. En este apartado, los refranes son variados y luminosos. Pero un hombre que está acostumbrado, rodeado de sus asesores, a convocar a los periodistas a ruedas de prensa sin preguntas, a rudas de prensa sin respuestas, a ruedas de prensa sin preguntas y sin respuestas, a ruedas de prensa con pantalla de plasma donde le sacan el perfil más peliculero, a ruedas de prensa de él pero sin él, a vetar a las cámaras de televisión en los mítines electorales, a difundir videocomunicados y a transmitir discursos por circuitos cerrados de televisión, no está preparado para subirse allí, solo ante el peligro, y leerse 54 folios que en los que no cree y que otro le ha escrito.

Ayer terminé de escribir un libro magnífico: Manual inútil de la comunicación. De haberme dado tiempo le hubiese enviado un ejemplar gratis al presidente. Le hubiese dado tantas pistas en un día como el de mañana. Pobre hombre, con el calor que hace, y sin un libro de autoayuda. No sé ustedes, pero yo lo veo muy mal. Igual en septiembre ni vuelve. Si no al tiempo. Experiencias como las de mañana pueden cambiar a una persona. Yo lo seguiré desde la playa por si nos corta las vacaciones. Este es de los que no le gusta joderse solo él.
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sábado, 1 de junio de 2013

Murió sin arrepentirse

Hay un libro que nunca he podido terminar, porque el dolor me ha podido más que la necesidad de alcanzar la última página. Hablo del informe sobre los desaparecidos de Argentina, más conocido como Informe Sabato. Una sucesión inabarcable de desatinos y estricta en sus descripciones sobre la tortura y el crimen en aquel país hermano.

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Hace unos días murió Jorge Rafael Videla, y quería haber escrito unas líneas sobre este hijo de puta que falleció de muerte natural a los 87 años en la cárcel del municipio argentino de Marco Paz, a 50 kilómetros de Buenos Aires. Nunca se arrepintió de los crímenes que cometió u ordenó que otros cometieran, ni durante los diez años que sufrió arresto domiciliario ni durante los otros diez que estuvo encarcelado.

Más de 30.000 personas desaparecieron, más de 400 bebés robados en los centros de torturas y un periodo de terror que presidió con mano de hierro y teñida de sangre entre 1976 y 1983. No estuvo solo en el poder. Le apoyaron el poder económico y financiero, y la Iglesia católica, que bendijo la represión en esa curiosamente llamada “cruzada por la fe”. Era católico, y tuvo la oportunidad, en este largo periodo de tiempo, de haberse arrepentido, de haber borrado públicamente su culpa ante su pueblo y de haber perdido perdón por la sangre derramada. No lo hizo. La Iglesia, tampoco. También ocurrió en España. A fin de cuentas, somos hermanos de leche.

Cuesta entender que estos fascistas de mierda comulguen y que la hostia no se les atragante en la garganta. Y cuesta entender que la Iglesia dé de comulgar a estos asesinos irredentos, incapaces de arrepentirse de sus propios pecados. De qué materia están hechos estos pobres hombres que, vulnerando la letra pequeña de sus mismos anatemas, matan en nombre de ese mismo dios que, si es como ellos dicen que es, estará temblando, escondido detrás de cualquier nube, por miedo a la furia del general, por miedo de que implante a escala el infierno en los álamos puros y tiernos del paraíso que no existe.

Murió sin arrepentirse. Lo pienso y me pongo a temblar.

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domingo, 26 de mayo de 2013

El jardín de Georges Moustaki

Las canciones de Georges Moustaki eran, como suele decirse en estos casos, parte de nuestras vidas. Pero en este caso es más cierto que en otros. En el instituto, traducíamos del latín a Julio César y a Cicerón, y del francés a este viejo meteco. Había canciones, como Il y avait un jardin, que las cantábamos de memoria y las recitábamos en español y en francés como si fueran parte inalienable de nuestra cultura y de nuestra existencia.

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Trabajó con Édith Piaf, Barbara, Yves Montand o Juliette Gréco. Tenía perfil de vagabundo reconocido. Sus letras eran tiernas, como nuestra edad, y su aire de cantautor comprometido tenía un aire desteñido como la época que también ha muerto con él.

Tal vez tuvo una vida apasionante, le gustaban las mujeres, se declaraba hombre de izquierdas, en un mundo en el que las izquierdas menguaban en pro de una democracia soñada. Tenía un aire triste y nostálgico de mesías profundo y rebelde.

Y estaba enamorado de la mujer brasileña (ignoro si de alguna concreta además), como no puede ser de otro modo, de la que decía que “no hace el amor, ama;/ no camina, baila;/ no habla, canta”. Creo que no hablaba en general, para dar lecciones, sino para describir su propio ánimo.

Lo conocí en Barcelona, en uno de mis viajes cuando visitaba a mi amigo Gonzalo Pérez en la ciudad condal. Estábamos bebiendo cava barato en un tugurio nocturno cuando lo reconocimos entre un puñado de amigos. Pero el viejo meteco se mostró huraño y esquivo. En nada se parecía al cantautor romántico que nos ayudó con sus versos a enamorarnos de una muchacha de la que luego tanto nos costó olvidarnos.

Ahora que ha muerto, sé todavía por él que siempre hay un huerto con una casa y un árbol y una cama de espumas para hacer el amor. Es el paisaje de aquella canción en la que describía un jardín al que llamaban la tierra, que en nuestro caso fue la tierra de la adolescencia que ya olvidamos tanto tiempo después. Sus canciones no hemos logrado olvidarlas. Son parte de nuestras vidas. Y son menos hurañas que él.

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viernes, 26 de abril de 2013

Retrato robot del desempleado español

¿Ayudan las estadísticas a hacer el retrato robot del desempleado español en estos momentos? Leo la prensa y hago mis propias acotaciones. Su perfil es el de un hombre, aunque también afecta a muchas mujeres; soltero, aunque tampoco escapan a esta epidemia que se extiende como el aceite el casado o el divorciado, aquí el sistema no establece diferencias; con estudios secundarios, aunque también conocen esta lacra titulados universitarios y también quienes nunca abrieron un libro en su vida, así como doctores –aquí no se incluye a los médicos y otros sanitarios, de momento-; procede del sector de la hostelería o la construcción, y bien puede ser albañil, ingeniero o arquitecto, si bien se han visto afectados por la tormenta periodistas, periodistas, periodistas –tal vez todavía quede alguno con trabajo, pero es cuestión de tiempo, admiten los gurús.



El perfil del parado es bastante estrecho, según los analistas, aunque el número de personas afectadas por el síndrome se amplía cada día. Es de gesto huraño, no se le conoce la sonrisa, ha olvidado qué son unas vacaciones con dinero, en muchos casos vota al Partido Popular –varía según provincia-, es indolente, generalmente no practica el escrache, tampoco cree en la revolución, poco a poco también va dejando de creer en la democracia, si un día dejara de votar crearía tal vacío en la teoría política que ningún político se para a pensarlo, es de estatura media, aunque dicen que está dejando de crecer, le mengua poco a poco la barriga cervecera, no sabe de qué va el sistema capitalista, hace ya un tiempo que dejó de entrar en los bancos, un día tal vez se le prohíba incluso la entrada. Nunca se sabe. El sistema se regenera a cada instante.

Pero este desempleado medio ya no tiene instantes. Cualquier día desespera y lo manda todo al carajo, rompe las estadísticas y falsea las expectativas de los ricos, que lo tratan como alimaña. Un día de estos se deja llevar, si no ustedes lo van a ver, y le da por escribir la historia a su modo. Pero a los analistas les da la impresión de que para que esto ocurra todavía falta tiempo o que alguien apriete más las tuercas. Ya se verá. Todo es cuestión de que al alguien desespere del todo. Al tiempo.

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miércoles, 24 de abril de 2013

Juegue a ser Bárcenas. Y suerte

Alguien lo habrá dicho alguna vez, pero yo lo digo ahora. Esta crisis financiera y económica desarrolla la ironía y potencia la imaginación. Algo bueno debía depararnos este caos en el que estamos inmersos. El caso es que una empresa canaria ha diseñado una nueva línea de trabajo con el objetivo de crear videojuegos que reflejen las noticias de mayor actualidad. El periodismo siempre inspiró a los humoristas, así que el día en que este desaparezca –ya queda menos-, el humor también se irá al carajo.

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Mientras esto ocurre, la empresa 4D3 Animation Studio ha lanzado al mercado un videojuego titulado Dárcenas: El Tesorero Corrupto, obviamente inspirado en el extesorero del PP Luis Bárcenas. El jugador podrá jugar –valga la redundancia- a ser el propio Bárcenas, podrás repartir dinero entre los militantes de su partido y enviar fondos a sus cuentas privadas en Suiza antes de que Hacienda los pille.

El jugador debe repartir al menos la mitad de la cantidad donada y para ello debe lanzar a sus aliados distintos sobres sin que salgan de la mesa. El juego, como también es lógico, termina cuando un jugador descontento filtra sus libros de cuentas a la prensa.

El videojuego, a fin de cuentas, se parece tanto a la vida, que cualquiera podría pensar que alguien se lo inventó. En ocasiones, el hecho más verosímil se nos muestra como el caso más insólito. Nadie lo ha escrito, pero yo lo añado.

Para participar en este juego, que no es de azar, sino de encubrimiento, no se necesita manual de instrucciones, sino solo disponer de una cara dura que nadie te la rompa; tampoco se precisa de principios morales, pues se trata, no de joder a los demás, sino de enriquecerte tú mismo; y finalmente, es prescindible que el jugador esté al día de la actualidad política, pues la corrupción es hierba que crece tan a menudo que ninguna legislatura se salva de la quema.

En fin, en tiempos de crisis, está bien aprender a engañar a los demás con juegos de este tipo, pues la realidad nos da oportunidades, pero no nos enseña a aprovecharlas a fondo. Ahora siéntese y haga juego. Un golfo más no importa. Le aseguro que no estará solo en la partida, ni en el partido. Suerte.

Solo tenga cuidado con Hacienda. Porque Hacienda somos todos. Y todos –o casi todos- ya estamos un poco hasta los cojones. Dicho sin metáforas, que las figuras del lenguaje enturbian a veces el mensaje.

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domingo, 14 de abril de 2013

La Cospedal y los escraches

Esta mañana me levanté muy sereno, como casi siempre. El día es luminoso y un aire de fiesta y de paz se respira alrededor. La mañana llama a coger la bicicleta, o a pasear por la orilla del río, o acercarse en coche a La Palma del Condado para degustar las habas con poleo y los vinos del lugar. Pero ojeo la primera página del periódico y la mala leche se me sube por las venas hasta atacarme.

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La frase de la Cospedal es una perla negra, y dice más o menos que los escraches son “totalitarismos y nazismo puro”. Esta buena mujer, cuyos parientes y cuya ideología está tan cerca del nazismo, sabe perfectamente lo que dice, porque ella se conoce a sí misma mejor que nadie. Cuando la oigo hablar me dan náuseas. Solo le interesa multiplicar sus muchos sueldos y a su marido hacer negocio con los hospitales privatizados que son nuestros. Todos los negocios de esta gente se basan en apropiarse de lo público –es decir, de lo nuestro- y hacerlo rentable también a nuestra costa. A saber qué esconden esta pareja de listillos de la ultraderecha española.

No soporto a la gente que, cuando habla, piensa que se dirige a un público poblado de gilipollas. De verdad que la cara dura de la Cospedal me saca de quicio. Que los sinvergüenzas hablen de ética o de moral me pone enfermo. Imagino que esta mujer, cuyas entendederas no se alzan un palmo del suelo, sospechará que los parados y desahuciados y demás damnificados de sus correligionarios deberán esperar impacientes a que les roben hasta el alma. Calladita está mejor, pero nadie de su partido se lo dice. A ver si esta señora acaba de enterarse de una vez que los tiempos del mosqueo ya están dando paso a la etapa del escrache, de la mala leche, del no poder aguantar más, del insulto y la condena a quienes no tienen respeto a los demás.

Más le vale que amañe menos euros en su bolsillo, que aprenda a hablar, que lea un poco, que no sea católica si no guarda sus preceptos, y que nos deje en paz esta mujer que del nazismo posiblemente sepa bastante más que aquellos que, indignados, utilizan el escrache como herramienta de expresión contra la explotación de una banda de políticos sin alma que solo rezan a dios para que sus cajas de caudales se multipliquen a costa de quienes les rompen los sueños inmerecidos en unos escraches que me parece lógico que detesten. Si me lo hicieran a mí me daría una vergüenza tremenda y no podría salir a la calle. Y menos culpar de ello a gente de buena voluntad que solo pretende vivir, aunque solo sea modestamente. El sistema se lo ha quitado todo y esta gente de la derecha quiere que además se queden calladitos, como en misa. Que dios y el diablo les coja confesados, porque pasar a la historia como simples mequetrefes tiene cojones.

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domingo, 3 de marzo de 2013

A este perro le sobran las pulgas

Da vergüenza que, a estas alturas de la película, llegue un militar con ganas de sacar de nuevo los tanques a la calle. ¿Tanto les cuesta a algunos compatibilizar su vocación de militar con el derecho de los demás a ser demócratas? Debe ser difícil, no cabe duda, a raíz de las últimas declaraciones del general Chicharro. Me pregunto por qué no enseñan en las academias militares que el deber de todo militar es defender a los ciudadanos españoles y que los ciudadanos somos la única patria posible.

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Que la patria no es un concepto abstracto, ni un territorio concreto, con valles, lagos y vaquitas que ríen, ni un himno, ni una bandera. Que todos esos elementos nos representan, pero que la patria somos todos los ciudadanos. Incluidos aquellos que desprecian a los demás ciudadanos por un amor excesivo a la patria, a su patria. Que a saber qué representa a estas alturas de la historia.

Resulta cansino escuchar de nuevo declaraciones que nunca más deberían de producirse. Para colmo, ahora niega el general Chicharro haber dicho que “la patria vale más que la democracia”, como respuesta a la voluntad secesionista catalana. El diario El País recoge su explicación: “Lo que yo dije es que el concepto de la Patria es anterior a la Constitución, como es obvio, y lo que abogué es por el cumplimiento de la Constitución”.

Yo, la verdad, esa frase no acabo de entenderla del todo. Este mismo diario reproduce la frase completa que ahora niega el militar: “La patria es anterior y más importante que la democracia. El patriotismo es un sentimiento y la Constitución no es más que una ley”. Repito, para incautos, el final de la frase: “La Constitución no es más que una ley”. Y como ya dijo alguien antes, las leyes están para violarlas. Son ripios todos del mismo cancionero. Como se puede comprobar, una frase plagada de perlas mágicas. Solo intentar desbrozarlas da dolor de cabeza.

No sé del empeño de algunos militares en este país de querer enmendarnos siempre la plana, de imponer un pensamiento único –de momento, llamémosle pensamiento, para no entrar en gaitas- frente a la variedad de opiniones y pensamientos diferentes que enriquecen y constituyen una nación. Siempre ahí empeñándose en salvarnos del mal de la secesión, de la plaga del separatismo, de la herejía de la democracia. Siempre adivinando en el concepto de libertad la figura de un diablo que esconde la hoz, el martillo, la apostasía, el ateísmo y otros males endémicos a cualquier demócrata que se precie de serlo.

El general Chicharro está en la reserva pero no retirado, de modo que está sujeto al código disciplinario castrense, que sanciona al militar que “exprese públicamente opiniones que supongan infracción del deber de neutralidad en relación con las diversas opciones políticas o sindicales”. Por supuesto, ningún lobo aúlla solo en el monte. También estos días el Supremo ha ratificado la condena a un sargento por imponer un castigo humillante a un soldado, como es llevar dos pesadas cadenas de varios kilos colgadas al cuello durante dos días en sus ratos de descanso.

Ser un militar de honor, un guardia civil de honor, un policía de honor, consiste sencillamente en defender y salvaguardar a sus compatriotas de los tiranos, y no ponerse de parte de los tiranos para arruinar a un país, para aislarlo del progreso y de la democracia en nombre de una patria abstracta inventada para justificar momentos que no se pueden ni se deben repetir. Este país necesita un ejército digno, y la dignidad significa, hoy por hoy, democracia en una patria común, es decir, de todos, y no de unos cuantos, como ocurrió en un pasado inmediato que todos –o al menos la mayoría- hemos condenado para poder olvidarlo definitivamente. O dicho sin eufemismos ni metáforas: a este perro le sobran las pulgas.
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jueves, 21 de febrero de 2013

Rajoy y el naufragio

A los políticos, conocidos los últimos escándalos, debería prohibírseles que cuadraran los Presupuestos Generales del Estado a su antojo. Pero también convendría encontrar procedimientos reglados para que no manejaran las metáforas a su antojo. Leo en la prensa una frase de Rajoy que me ha hecho salivar agua marina: “Hemos evitado el naufragio”. Y me he preguntado meditabundo y preocupado qué querrá decir con eso del naufragio.

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Primero, porque no creo que un presidente que ganaba tres sueldos disponga de tiempo libre, después de contar los billetes, para abrir un diccionario y buscar el significado de todas las palabras. Y más, un significado simbólico, como es el caso.

Y después, porque no recuerdo haberlo visto embutido en bañador en ninguna fotografía de prensa. Es posible –me atrevo a insinuar- que ni siquiera sepa nadar, con lo que el supuesto del naufragio le viene de oídas –más que de bebidas-.

Sin embargo, su antecesor, don Manuel Fraga, lució bañador de época con la crisis de Palomares. Y hasta creo recordar que José María Aznar también lució tipo, aunque él nunca creyó en ninguna crisis cuyo origen fuera su propio partido.

Se ve que Rajoy no ha leído a Rafael Reig, que inundó todo Madrid de agua y sabiduría creadora en una de sus novelas. Y se ve, sobre todo, que no sale a la calle. Así que no se percata de los maderos que flotan a contracorriente de un navío que se jodió hace unos años y que lo llamaron "burbuja inmobiliaria", y cuyas secuelas todavía hacen imposible la navegación hacia un futuro más prometedor.

No sale a la calle, así que no ve cómo muchos ciudadanos se agarran al flotador del patito que es su sueldo de mierda para llegar a final de mes, y cómo otros dibujan señales de socorro con la mano antes de que se los trague la marea del desencanto o del desahucio, y cómo algunos otros hacen señales de humo en las ascuas de un ERE inoportuno y no deseado. Rajoy no ve la calle porque no tiene ventanas con vistas en su palacio que den a la plaza central del desencanto colectivo.

Algunas veces, los periodistas quisieran saludarlo, sólo saludarlo. Ya ni se les pasa por la cabeza preguntar nada. La canalla siempre jodiendo, ya se sabe. Pero él no se deja. Ahora bien, para que nadie olvide quién es quien gobierna, se deja ver en la pantalla, como si fuese una nueva modalidad de rueda de prensa.

No sólo innova con el lenguaje. También con las herramientas de la comunicación corporativa. ¿Dónde habrá comprado este hombre a sus asesores de comunicación que le están rompiendo en pocas estacadas su perfil tan impreciso y huidizo? De los conocimientos sobre comunicación por parte de González Pons, prefiero no hablar. Si yo lo tuviese que examinar no podría salir del país en ningún mes de septiembre.

En este país, el único que sabe manejar las metáforas con acierto y sabiduría es El Roto. Él dibuja a un matrimonio que pasea por la calle. Ella mira los escaparates de su propia nostalgia y dice al marido: “¿Te acuerdas de cuando comprábamos?”. El marido, que mira para otro lado o hacia ninguna parte, responde sencillamente y sin titubeos: “No”. Eso es el naufragio. Que alguien se lo diga a Rajoy.
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miércoles, 6 de febrero de 2013

Las cartas de John Lennon

John Lennon nunca dejó de sorprenderme. Si él hubiese conocido estos tiempos de mansedumbre, con la que está cayendo, ya habría mostrado de manera sobrada su indignación y su furia. Ahora su amigo Hunter Davies ha recopilado 250 misivas para su publicación. En estas cartas encontraremos, posiblemente, rastros de una biografía que él no tuvo la oportunidad de escribir.

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Su muerte imprevista y estúpida tronó aquel año como si un terremoto interior nos removiera sin sentido las piezas de una existencia que cada vez entendíamos menos. Con su asesinato, todos empezamos a madurar y a morir un poco más deprisa, huérfanos de alguien a que también le desorientaba la vida y que, tal por esa razón, la cantaba con desgarro y ternura al mismo tiempo. Después no nos quedó nada, solo la sensación incoherente y frágil de una orfandad innecesaria y el sentimiento huidizo de haber trasgredido a sangre fría nuestra propia alma.

Cuando alguien se nos muere, también nosotros nos vamos un poco con ellos, sin dejar rastro en los otros, con el disimulo inútil de mostrar una coherencia que no queremos y una frialdad impropia de seres que encontramos la felicidad en una música que era una angustia ajena y prodigiosa. Su afrenta no fue otra que gritar cuando otros callaban, componer melodías eternas y encontrar en una mujer inteligente y fea todo aquello que el mundo le negó.

En una de esas cartas que ahora ve la luz, John le escribe a Paul McCartney: “¿De verdad crees que la mayor parte del arte actual ha surgido debido a los Beatles? No creo que estés ten loco, Paul. Por supuesto que cambiamos el mundo, pero trata de llegar hasta el fondo”.

Jesús Ruiz Mantilla ha escrito que los expertos llaman a esta carta La bronca de John, después del pepinazo que McCartney le propinó en el álbum Ram. No sé si cambiaron el mundo, pero sí nuestra adolescencia y nuestra juventud, y ya separados, seguíamos escuchando sus canciones irrepetibles e imperecederas, con la consciencia equivocada de que este mundo no hay quien lo cambie. Ahora, leyendo esta correspondencia ya sin dueño, sabemos que toda biografía es incompleta, pero puede ser también conmovedora después de tantos años.
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viernes, 1 de febrero de 2013

Enchufes a mogollón

Hay golfos –en el argot popular más conocidos como chorizos- que tiran a lo alto, como Urdangarín, Bárcenas y sus acólitos, y otros. Es decir, lo que se podría denominar golfos de primera fila, gran reserva, con pedigrí, delincuentes cum laude, etcétera. Dependerá siempre si usted es cinéfilo, catador exquisito, amante de canes o académico endogámico. Solo por poner algún ejemplo. Pero también hay caraduras del montón –y del motín, por supuesto-, lazarillos del momento, electricistas doctorados en el enchufe a mogollón, sinvergüenzas de andar por casa –ajena, eso sí-, sanguijuelas de chupan la sangre de las instituciones sin alcanzar la categoría de vampiros propios del celuloide, gente mezquina, a fin de cuentas, que hacen felices a muy pocos a costa de los demás.

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La exalcaldesa de Chipiona Dolores Reyes (PSOE) pertenece a este segunda categoría. Ahora la Audiencia de Cádiz la ha condenado a siete de años de inhabilitación por haber colocado en el Ayuntamiento de manera ilegal a 345 amigos y conocidos como personal laboral eventual entre 2000 y 2004. No me imagino si esta señora hubiese sido alcaldesa de ciudades como México DF o Tokio a cuántos advenedizos les hubiese solucionado la vida con su grande y generoso corazón. La susodicha contrató a dedo de manera masiva y sin proceso de selección de candidatos, sin consignación presupuestaria y obviando los informes en contra de la intervención municipal, que advirtió, al parecer, de la nulidad de las incorporaciones.

En Chipiona, que no es Nueva York –por si alguien se despista o nunca vio un mapa- , esta mujer debió contratar a primos segundos, compañeros de estudios, amantes de una sola noche, noctámbulos extraviados en sí mismos de una juventud ya marchita, votantes fortuitos, aduladores coyunturales, acreedores insobornables, etcétera, etcétera. Si no, no se entiende cómo tanto compromiso puede dejar exhaustas las arcas municipales. Yo siempre he pensado que es más rentable sentar en la alcaldía a criaturas solitarias, amigos de pocos amigos, gente de mal carácter a quienes cuesta acercarse, a gente saboría que nunca presta atención a esas demandas fortuitas e interesadas que acechan al poder. El problema radica, obviamente, en dónde ponernos a buscar a esta gente honrada. Que haberla, hayla. Pero a ver quién se pone a buscar gente con dignidad en tiempos en que la ética es más difícil de encontrar que un billete de 500 euros. Que haberlos, también los hay. Yo, una vez, vi uno y lo palpé con mis manos. Son de esas experiencias que sabes que no se volverán a repetir.
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jueves, 31 de enero de 2013

De vergüenza

La vergüenza se extiende como una mancha de tinta indeleble por toda la piel de toro de este país de charanga y pandereta. Los caraduras –aceptemos la metáfora o eufemismo como un gesto de bondad o indiferencia hacia quienes no merecen gesto alguno de benevolencia- se multiplican en estas tierras como melones y sandías en verano. La mayoría, eso sí, están cucos. Pero esos precisamente son los peligrosos.

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Cómo la gente que no tiene vergüenza se atreve a gestionar una crisis económica y financiera, a menguar los sueldos de los funcionarios cada vez que se rascan la ceja, a condenar al paro eterno a los desempleados, a privatizar servicios públicos que hemos pagados entre todos. Y lo dejo aquí ya para no mosquearme demasiado.

Las cuentas secretas de Bárcenas no son un escándalo, sino una vergüenza nacional. Como escribe Iñaki Gabilondo, con esos apuntes de cuaderno y otros papeles secretos enchironaron a Al Capone. Al parecer, Rajoy cobró 25.200 euros anuales durante once años. Prebendas semejantes llegaron también a los bolsillos de Cospedal, Rato, Mayor Oreja, Arenas, Acebes y Cascos. Ellos niegan estos pagos, obviamente. Faltaría más.

Independientemente de lo que digan los jueces en su día, suena a verdad una estructura financiera que, en palabras también de Gabilondo, "se parece demasiado a la mafia". Hay tanta verdad aparente en este aparato económico tan increíble y dislocado, que nadie alcanzaría a imaginarlo ni a inventarlo sin atisbos de realidad. Lo grave de este escándalo, por asombroso que nos parezca, es que huele a que es cierto. De ahí nuestra sorpresa y nuestra indignación al mismo tiempo.

Cuando los norteamericanos supieron que Bill Clinton se las traía con una becaria, no les jodió tanto el tema en sí como que su presidente les mintiera. A algunos también les jodería que la becaria no se la hubiera mamado a ellos y otros probablemente aplaudirían que su presidente echara una canita al aire. Hay de todo en este planeta verde.

Pero a mí me jode que esta gente se lleve el dinero y que luego además lo niegue. Me joden las dos cosas por igual. Y sobre todo que, después, hechas las cuentas, decidan bajarme el sueldo otra vez para aliviar la injusticia común. ¿Serán mamones? Aunque llevan razón.

Los mamados somos los ciudadanos que no nos movemos ni nos indignamos o enfurecemos por estos negocios sucios a los que ya, por cotidianos tal vez, hasta comienzan a parecernos naturales y legítimos y también comienza a molarnos que se forren delante de nuestra jeta y después se froten las narices. ¿También consumen coca?
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sábado, 5 de enero de 2013

La verdadera historia de los Reyes Magos

Hace unos años, Juan Goytisolo escribió –con sorna, por supuesto- que al menos uno de los tres Reyes Magos era andaluz. Se ve que algún asesor –de esos que leen en las instituciones, que no son muchos- descubrió el artículo del escritor catalán e inmediatamente advirtió al Papa del gran descubrimiento. Seguramente, Benedicto XVI lo leyó con sorpresa y entusiasmo, y dijo: “Esta es la mía”.

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En el Vaticano, en los últimos años, se sorprenden por cualquier cosa, y como estos tiempos son de cambios profundos, en la Plaza de San Pedro han aprovechado para maquillar un tanto la historia que más nos gustaba. Comenzaron diciendo que el cielo existía, pero que no sabían muy dónde se ubicaba. Siguieron con el limbo, advirtiendo que nunca existió, y que allí no vivía nadie. Y ahora le ha tocado el turno al portal de Belén, que era la única construcción de leyenda que creíamos se había levantado y urbanizado conforme a la ley entonces vigente y sin que circulara un maletín de billetes usados de por medio. Pero se ve que tampoco.

Ahora ha llegado Benedicto XI, con su libro sobre la infancia de Jesús, a destrozar uno de los pocos sueños que creíamos a salvo de esta crisis que todo lo espolea. Al parecer, el Papa asegura que el verdadero origen de los Reyes Magos no es Oriente sino Huelva, es decir, Tartessos, cuya capital se llamó Tarsis, una región que los historiadores sitúan en algún punto indefinido de Andalucía que tampoco excluye a Cádiz o a Sevilla.

Según fuentes bien informadas del Vaticano, el Papa tomó como referencia los Libros de los Salmos y el Libro de Isaías, porque allí se alude a Tarsis como el origen natural de los Reyes Magos. Pero quienes leemos periódicos, sabemos que en realidad fue Juan Goytisolo quien dio la pista al gobierno en la tierra de nuestro Creador.

Lo que no dice el Papa es que el primer texto histórico que hace referencia a los Reyes Magos es el evangelio de Mateo, quien narra que fueron unos magos, que no recuerda de dónde habían salido, y que no eran no eran tres ni eran reyes, sino magos a secas, que no es poco, los que vinieron a adorar a Jesús de tierras remotas.

La historia de las Sagradas Escrituras se parece mucho a las investigaciones llevadas a cabo sobre el bandolerismo en Andalucía, que hablan de una banda que trabajaba en la sartén de Andalucía conocida como Los Siete Niños de Écija, que si bien ni eran siete, ni eran niños, ni eran de Écija. Pues con los Reyes Magos, igual.

Desde luego, es el único acontecimiento destruido en 2013 en el que la mano de Rajoy no aparece por ninguna parte (de momento). Pero lo que no entiendo es que la autoridad católica la tome también con la mula y el buey, además de con la estrella, que fue una supernova, se informa. Como dice un buen amigo mío, qué necesidad habrá de cambiar la historia en estos momentos, si los Reyes Magos es probablemente una de esas pequeñas mentiras piadosas en las que todavía quisiéramos creer. En lo que sí se parecen los Reyes Magos de todos los tiempos es que los regalos de esa noche y otros estragos de esta era acaban pagándolos siempre los padres, aunque sean pensionistas.
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