
Cada día que pasa -uno igual al otro, calcados al carbón, fotocopiados a ojos de buen cubero, con sus diferencias insignificantes e imperceptibles- , piensa este hombre, ahora que nadie le escucha, que la vida tiene sus más y sus menos, que esta vida no hay quien la entienda, ni tampoco su puta madre –con perdón- , si es que la tiene. Percibe una monotonía monocorde –con sus incidentes predecibles-, repetida...