
Ella imaginó un futuro sin fisuras, ancho y rojo como un campo de amapolas, salpicado de manchas verdes y tostadas, que se precipita sin límites al río, y lo atraviesa, y lo olvida. Imaginaba palacios amurallados, y en su interior un salón de espejos donde descalzarse y bailar sin tregua baladas y valses, sola, llevada por un viento apagado que ella violentaba a su antojo. Desde sus altas ventanas divisaba...