
Ahora no es el momento de decir lo que siempre callé, dijo ella. Miraba a la ventana distraída, abstraída en una imagen que no reconocía y pendiente del teléfono sin que nadie la llamara. Llevaba varios días intranquila, fuera de sí, midiendo las horas que se eternizaban por doquier, como si el tiempo fuese tangible y envolvente, viscoso y gris. Se vio, de golpe, inmersa en un mundo que no conocía y al que...