
Lo vio sentado en la terraza, con el periódico desplegado que ocultaba su rostro. Pero en la pose, ella supo que era él. Se habían conocido muy atrás, cuando eran demasiado jóvenes para advertir de la pertinencia de los errores y de la perseverancia que el dolor arrastra con los años. Tenía el pelo cano, la mirada transparente de entonces, los mismos gestos que denotaban una templanza a prueba de bombas, pero...