
Tenía unos ojos hondos, con huellas de una felicidad reciente. Me dijo: todos merecemos otra oportunidad. No me miraba. O me miraba muy fijo. No recuerdo. El sol se ponía después de una lluvia intensa y, al final, donde la vista no alcanza, un día nuevo volvía a nacer. Sin duda, le dije, todos merecemos otra oportunidad. Tal vez se lo dije por decir algo. Qué otra cosa se puede añadir cuando la vida cava profundas...