miércoles, 27 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XXII)

Apenas lleva sentada unos minutos en el banco del parque cuando lo ve llegar. La mujer le pregunta que cómo está, que cómo pasó estos días, que si volvió al parque alguna vez. Él le responde que sí, que todos los días acostumbra a venir al parque, a leer, a pensar o no pensar, a sentir cómo la vida fluye, cómo va y viene sin que nadie la pueda detener o entender. La vida, le dice, desde que te conozco, tiene...
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domingo, 24 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XXI)

Aquella tarde se miró al espejo. Solo un instante. El tiempo suficiente para adivinar en la sombra de sus ojos el paso inexorable del tiempo. Conservaba aún una belleza juvenil que le disimulaba los años que la soledad había erosionado a pasos forzados en su interior. Optó entonces por disimular con pinceladas de rímel la curvatura de la mirada y acentuó con tonos sonrosados la palidez macilenta que encubre...
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viernes, 22 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XX)

Durante años anduvo buscando a ese hombre de sus sueños que nunca alcanzó a identificar en cuantos machos se le acercaban a desbrozarle la intimidad. Los veía venir desde antes que la miraran fijamente con deseo irrefrenable, y ella les huía con una indiferencia y desinterés que a ella misma molestaba. Es cierto que, de entre todos, algunos, más doctos en el arte de la seducción, lograron cerrar citas a horas...
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jueves, 21 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XIX)

La mujer, al contrario que este hombre, que está cansado de tropezar en la vida, siempre anduvo esperando. No le importó vivir sola, anhelar un sueño que, con toda probabilidad, nunca se materializaría. Soñó un hombre y lo quiso siempre a la medida de sus sueños. No le importó no encontrarlo nunca. La soledad no era un obstáculo para alcanzar la felicidad. Al contrario, se había acostumbrado a una vida cómoda....
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domingo, 17 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XVIII)

Los días son ahora un remanso de paz. El invierno ha sido frío pero las tardes cada vez más alumbran las noches que menguan inexorablemente. Hay una serenidad que este hombre siempre buscó y que ahora encuentra. Después de unos días de intenso trabajo y continua búsqueda, no ha dejado de pensar en la mujer a la que quiere. Tiene luz en los ojos, unos andares sensuales y rítmicos. Sus pasos son casi inexistentes....
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sábado, 16 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XVII)

La vida transcurre sin apenas novedades. A veces, este hombre prefiere una existencia programada contra los golpes del destino. Pero quién podría controlar el destino. Al mediodía prefiere una comida ligera. Para poder pasear por la tarde antes de que el sol decline. Las mañanas, sin embargo, le gusta pintarlas variadas. Las salas de cine son una de sus preferencias. Opta por El monje (2011), dirigida por el...
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jueves, 14 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XVI)

Desde aquella noche pasaron juntos muchas horas. No había propuestas a largo plazo ni siquiera de un día para otro. Inventaban la vida, a cada instante, seguros y convencidos de que no valía la pena forzar los acontecimientos. El tiempo arañado en la piel enseña de diagnósticos precoces y de resoluciones innecesarias. Nada se puede hacer contra los huracanes ajenos, pero sí se puede abarcar con las manos aquello...
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lunes, 11 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XV)

Claro que podemos cambiar la vida, piensa este hombre. Desde luego, hasta ahora tampoco fue así. Ni lo contrario. En ocasiones, se ha dejado llevar. La vida es una correntía de agua después de la tormenta que arrastra cuando se tropieza a su paso, y a este hombre siempre le gustó navegar contra corriente. Lo lleva en la sangre. Pero a veces se deja llevar. Y ahora que mira el reloj, sin que le importe la hora...
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sábado, 9 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XIV)

Despertó con la sensación de zozobra y enajenación que arrastran los sueños felices. Sentía una serenidad inusual que siempre buscó, compacta como un trozo de hielo y moldeable como una barra de plastilina. Sabía que la felicidad es un antojo ineficaz, pero esta vez no rehuyó ninguna terapia, tampoco ninguna herramienta útil en estos litigios. Todavía olía el perfume de la mujer y sentía un cansancio alegre...
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Los sueños deshabitados (XIII)

Este hombre y la mujer andan cogidos de la mano. Todavía no se han abrazado. Andan juntos sin saber adónde van. Es la primera vez que ambos, juntos, caminan sin rumbo, porque ahora el ayer ya no importa y el mañana solo existirá si son capaces de crearlo entre los dos. Lo saben sin haberlo aprendido sin antelación. Ineluctables ante un destino ineludible, avanzan paso a paso hundiendo los guijarros en la tierra....
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jueves, 7 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (XII)

Es de madrugada y este hombre no puede dormir. Abre la terraza y la noche, como siempre, es oscura y enigmática. El firmamento está poblado de estrellas minúsculas e incandescentes, o de estrellas inmensamente grandes que desde su ángulo de visión las encuentra curiosamente minúsculas, aunque él sabe que se engaña y que nunca podría medir con precisión su volumen ni su influencia vital. Mirando desde este...
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Los sueños deshabitados (XI)

El hombre lee: “Sé feliz en el momento. Toda felicidad que dura es desdicha.” Apenas esboza una mueca, un conato de sonrisa. No lee el libro, descifra su propio destino. La frase es de Marcel Schwob. El escritor francés fue autor de cabecera de Borges, de Faulkner o de Tabucchi. Este hombre prefiere a estos tres escritores antes que a Schwob, pero piensa también que algunas frases de El libro de Monelle son...
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Los sueños deshabitados (X)

El hombre mira a la mujer que está sentada a su lado en un banco del parque. Mientras la observa, piensa que la vida es caprichosa y sorpresiva, sinuosa y sugerente. Hasta el momento en que la encontró allí sentada, la imaginó como era y como nunca fue, le modificó los ademanes a su antojo, le inventó un pasado que nunca vivió, le puso en los labios media sonrisa que le infantilizaba y en los ojos una mirada...
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miércoles, 6 de enero de 2016

Los sueños deshabitados (IX)

La mujer que ayer se sentó en un banco del parque no logra olvidar al hombre que vio allí también sentado. No lo conoce de nada. Lo sabemos. Pero su imagen, sola y enérgica, ocupa un espacio cada vez mayor en su cerebro y su cerebro, acaso sin pretenderlo, bifurca extrañas órdenes a sus manos. Y entonces ella, frente al espejo del cuarto de baño, escruta arrugas apenas incipientes, la luz apagada de sus ojos...
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Los sueños deshabitados (VIII)

El hombre está sentado en un banco del parque. De vez en cuando, le gusta andar un trecho y después sentarse en este banco del parque. Las tardes de otoño son breves, pero se prolongan en exceso después de haber echado una breve cabezada en el sillón de orejas. Le quita el sonido a la televisión y le gusta poner su propia voz a las imágenes en movimiento que poco a poco se mezclan con las otras imágenes de...
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Los sueños deshabitados (VII)

Nadie se cansa de soñar. Es la única adicción a la que nadie logra escapar nunca. Este hombre que apenas conocemos tampoco puede burlar los sueños. Los sueños no son viento ni tormenta. Pero anidan en el aire y en el agua. No se los puede exterminar porque no podemos caminar por la vida como impostores de aquel otro que siempre quisimos ser. La única recompensa por estar vivos no es colmar las más abyectas...
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Los sueños deshabitados (VI)

Este hombre un día se embriagó de sueños desmesurados, y está bien que así sea, porque esa ambición sin límites le permitió traspasar barreras infranqueables, le ayudó a diseñar una existencia digna sin tener que atenerse a normas trasgresoras ni mucho menos a vulnerar principios elementales. Los sueños reconfortan no solo el paladar sino también los resquicios del alma por donde se escurren las lágrimas que...
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Los sueños deshabitados (V)

Hoy el sol irradia una luz natural y esta luz, para el hombre que mira sin saber adónde, es necesaria como el pan de cada día. La expresión no sería correcta. Le han detectado glucosa y colesterol en la sangre, y por esta razón evita el pan de cada día. El pan de cada día lo conforman también las noticias de los informativos audiovisuales. Éstas no le alimentan ni le divierten. Es más, le aturden y le enfurecen....
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Los sueños deshabitados (IV)

Éste es un tiempo difícil y el hombre que observa las estrellas fugaces que cruzan el cielo lo sabe. De vez en cuando, se asoma a la ventana y mira el mundo ancho que sus ojos no alcanzan a abarcar; o se sienta en la arena como si metiera su vida entera en el mar y, aunque el horizonte es finito, admira la falsa infinitud que su imaginación le propone; o bien pasea por las mismas calles de todos los días y...
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Los sueños deshabitados (III)

Este hombre cuenta con los dedos, como cuando era un niño, las últimas monedas con las que no alcanza para cerrar el mes. La crisis financiera, la recesión económica, las reformas laborales y otras palabras nuevas para él, que nunca entendió en su concepto preciso, son las razones por las que sus sueños se han estrellado como un huevo contra el futuro y se ha hecho añicos. Ahora ya no es un niño y sabe que...
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Los sueños deshabitados (II)

El hombre que mira a las nubes no busca el rastro de la lluvia inminente ni piensa que la lluvia le pueda devolver la nostalgia que no quiere. Se ha cansado de mirar al frente y atrás, después de toda una vida caminando por doquier, pero siempre alrededor de él mismo. Ahora mira al cielo y deduce que el universo también debe ser finito, aunque inmenso observado desde este ángulo en el que las cosas se muestran...
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Los sueños deshabitados (I)

Sabemos que el tiempo no existe. Alguien escribió que dios creó el tiempo y el hombre inventó las horas. Podría ser. Tampoco sabemos si la memoria existe. Probablemente seamos hijos del olvido. Ahora no recuerdo. Eso piensa este hombre. Ahora mira este arroyo que desborda las orillas después de una riada reciente. La lluvia ha menguado y el cielo, al abrirse, muestra un sol tímido un tanto gris, como si fuera...
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Los sueños deshabitados (Proemio)

Este hombre no conoce su destino. Acaso porque el destino no existe. Él no sabe. Tampoco importa. Siempre anduvo por el mismo lugar, escrutó la misma habitación, asomó el busto a un balcón sin paisajes, volcó la esperanza en hechos insignificantes, sin más añadidos que estar vivo, sin más latidos que sobrevivir a su propia existencia. Y ahora, a una edad en la que los despropósitos suenan a cascabeles anacrónicos,...
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lunes, 4 de enero de 2016

La vieron caminar

Después cayó una lluvia de barro que transformó la ciudad en un lodazal arbitrario e irreconocible, vinieron los días solos y los perros abandonados que cruzaban las calles husmeando un pasado que no lograban identificar como propio, creció la hierba roja en los terruños estériles y, más abajo, donde el río se embravece en las noches aciagas y muerde con sus fauces invisibles las orillas rotas de los embarcaderos...
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