
Hasta ahora siempre dormía conmigo. Dice que un día se irá. Es lógico. Le digo que me parece bien. Y ella insiste en que se irá para siempre, hasta no vernos jamás. Le vuelvo a repetir que me parece bien si esa es su voluntad. Pero tampoco ella sabe si eso es lo que quiere. Me lo dice con su vaso de whisky en la mano y el codo apoyado en la mesa.
Esta luz lánguida, casi en penumbras, le da a su rostro...