
La imaginó sola en la habitación, desvistiéndose para encamarse, encerrada en sus propias obsesiones, extraviada en los desbarajustes de la noche. Se prometió, como cada vez, huir de aquellos sueños que la hacían feliz y que la abandonarían al radiar el día. Estaba convencida de que habría otro método para sacarle punta a la vida que no pasara obligatoriamente por aquellos desequilibrios oníricos. Pero tampoco...