
La vergüenza se extiende como una mancha de tinta indeleble por toda la piel de toro de este país de charanga y pandereta. Los caraduras –aceptemos la metáfora o eufemismo como un gesto de bondad o indiferencia hacia quienes no merecen gesto alguno de benevolencia- se multiplican en estas tierras como melones y sandías en verano. La mayoría, eso sí, están cucos. Pero esos precisamente son los peligrosos.
Cómo...