
El tiempo, por momentos, se diluye en sí mismo, se simplifica en una sola expresión. El tiempo, cuantificado, cabe en el capítulo de una enciclopedia, en el instante de una noche que se reduce a cenizas a la mañana siguiente. El tiempo nunca es un recuerdo ni un anhelo, nunca está si bien tampoco deja de ser. Se circunscribe a una palabra y abarca toda una vida, con sus secuelas y sus abrazos, con sus fracasos...